• Dale Turner

    “Algunas de las mejores lecciones se aprenden de errores pasados, el error del pasado es la sabiduría del futuro”

  • Stephen King

    "Lo he dicho antes, y lo diré de nuevo. Cuando encuentras algo en lo que eres realmente talentoso, haces esa cosa (lo que sea) hasta que tus dedos sangren o tus ojos salgan expulsados de tu cabeza."

  • Winston Churchill

    "La suerte es el cuidado de los detalles."

  • Elbert Hubbard

    "Un fracasado es un hombre que ha cometido un error y no es capaz de convertirlo en experiencia."

"La Legión Extranjera" de Clarice Lispector

"La Legión Extranjera" de Clarice Lispector

“Y no quiero formar la vida, porque la existencia ya existe”

De nuevo Clarice Lispector juega con el detalle y lo hace trascendental, una enorme casa ya no es una sola enorme y desconocida casa, sino es una cosa final que les dice a dos chicos que es lo que han buscado siempre, y es angustiosa y constriñe; y se extiende con la casa pero al fin la casa, aunque no lo creamos en un principio, y se nos lo diga, no tiene secretos y el relato la abandona junto con su revelación y luego el subir de una chica como un mono (¿la chica se podría llamar Lissette, como en ‘Macacos’?) a un autobús significa para un chico su comienzo siendo hombre (¿¡pero como un mono?!); y ni siquiera nos da nombres, no es necesario, no nos quiere atrapar con etiquetas para las personas que usa, es más, nos da el nombre de un barrio o el de un mono comprado en la calle y no el de una chica pelirroja o la agente secreta del huevo. ¿Y qué es el huevo? Parece como si fuera una respuesta que no nos tiene que dar ella, y la gallina y una agencia rarísima hacen parte del hacer del desayuno; las reflexiones en la cocina sobre los huevos que se van quebrando se sospechan como algo más importante y después de hablarnos de la filosofía trascendental del huevo y su gallina nos deja buscando algo que no está en el cuento: nos habló de todo, nos habló de nada. Lispector nos organiza un conjunto de impresiones y luego, sutilmente y sin brusquedad nos da la vuelta y termina haciéndole nudo a otra cosa en sus cuentos, y el final casi nunca es una solución o un fin al nudo, el nudo queda en los ojos del lector, que a veces espera más palabras, porque no entiende.

O a veces no hay un nudo, no hay algo a lo que se le quiere dar un desenlace o conclusión, como cuando una niña enamorada de su maestro de entrañas sonrientes toma una especie de fotografía, sin pasado ni futuro, una fotografía que la protagonista revela cuando se entera que el amor de su vida ha muerto, y casi que no sabemos qué es lo que nos quiere decir con todo lo que nos describe, si es su maldad en donde todo lo que es malo en ella es su tesoro, o el amor que no alcanza lo feo, o su huída hacia ‘el fin del mundo’ al asomo de su primer vergüenza; casi que con Lispector no sabemos qué es lo importante, y que debe serlo, y si es que hay algo más importante que el resto o todo es tan importante, o si tenemos que identificar un orden en el caos de ‘importancias’ o al Dios que esta fuera de un banquete en donde no se quería comer, o al amor a la angustia, o al hipo o a quien es tan linda como un mono. Sospechamos, sólo eso.

"La Lámpara" de Clarice Lispector

"La Lámpara" de Clarice Lispector

La lámpara, es una historia de la soledad, una manifestación de la desolación en la persona de Virginia enmarcada por un amor desmedido (quizá incestuoso y solitario por su hermano) y las por las relaciones de la soledad existencial de Virginia con el mundo; un historia en donde todos conviven con su propia soledad desértica y a veces, con la de otros. Una historia que suavemente nos va conduciendo en una metafísica de las sensaciones, en un intento por capturar en descripciones amplias el estado íntimo de los sentidos. Y con una narrativa poética recorre sin afán la trama, nos habla de todo y de nada, enmarañando eventos que pueden convertirse en trascendentales en la obra, pero que resultan ser reflexiones ‘sueltas’ con un dejo filosófico, que se cuelan en escenas naturales, y luego de extenderse frágilmente, y justo cuando sospechábamos una finalidad importante en algún fragmento; súbita pero delicadamente saltamos a otra escena o juego de sentimientos sin encadenamiento plausible con el anterior.

Sus personajes viven despacio y poco a poco y, especialmente Virginia, nos contagian en cierta medida de la esencia de esas consideraciones pueriles que amenazan con hacernos más sabios al terminar la lectura; que nos invita a cavilar profundamente en la personificación de todas las cosas y nos aleja de pensamientos abstractos sobre la experiencia, legándonos, en un lenguaje que relaja, una proposición a sentir sencillamente, a dejarnos llevar por las impresiones detalladas de un instante determinado, porque nos relata con minucias la emoción vívida, como si en el momento de escribirla la experimentara plenamente, fácilmente (y siempre en tercera persona) nos convence de la plenitud y autenticidad de sus delineamientos en torno a algo que sólo lo podría dibujar quien así lo siente.

Y ‘el corazón’ siempre amarra la mejor forma de entender qué se percibe y cómo: el estado general de los personajes se encierra en sus corazones y en ‘el aire’, en el que todo vive y se desarrolla en una atmósfera explícita en la que vive la metáfora preferida: ‘el pájaro’, quizá representado la libertad que vuela en ese aire que agudiza los sentidos y siempre va cargado de algo determinante, aunque muchas veces efímero y huidizo.

“Felicidad Clandestina” de Clarice Lispector

“Felicidad Clandestina” de Clarice Lispector

Sifi. Efel defestifinofo efes ifimplafacafablefe.

(Sí, el destino es implacable)

Lispector, en esta obra, nos lleva por la profundidad psicológica de sus personajes en su mayoría femeninos como extrayendo de la vida de cada mujer una porción de la vida de cada persona, como si en sus cuentos el final no importase tanto más de lo que importa lo que ella dice durante sus cortos relatos en esta colección de cuentos. No tenemos que adelantar ningún final, no esperamos ninguno y si lo leemos antes de leer el resto no vamos a entender nada, por eso es que lo que se nos plantea no es una moraleja existencialista al final, sino la frescura de cada relato y ese extracto que nos dice cosas diferentes a cada lector.

Es un lenguaje sencillo y lleno de fluidez, con historias amenas que ponen a pensar en lo que cada quien quiera pensar. Con las primeras frases nos atrapa y nos sumerge en esa mini-historia que nos cuenta lo que queramos que nos cuente. Para mí es eso, es un cuento sin final y en el que ponemos lo que esperamos de esas palabras, por eso, lo que nos toca de cada cuento es una parte de nosotros sobre la cual queremos que se nos cuente más, o sobre la que esperamos un final que nunca llega, entonces somos nosotros quienes saltamos al final de cada cuento, y saltamos a la reflexión inmediatamente, porque es así como le ponemos sentido, porque Clarice no nos dice todo, nos deja la conclusión a cada lector, y es así como ponemos parte de lo nuestro en la obra de un escritor, y Clarice, nos facilita enormemente eso.

Me parece además curioso la manera en que muchas veces contextualiza los cuentos, luego de lo cual, con frases como “Fue así como sucedió lo que tuvo que acontencer” nos atrapa en una curiosidad inocente en la que esperamos un gran suceso, pero resultan ser cosas que nos pueden pasar a cualquiera en cualquier parte del mundo, no son relatos impregnados de la cultura en su sentido estricto Son fragmentos de las vidas de mujeres en diversas situaciones y en ciertos momentos Lispector es tan sencilla o simple que no parece el relato de una mujer. Y luego no nos explicamos ciertas cosas que nos relata y quedamos como esperando más. Y nos surgen, gracias a como pensamos, dudas que buscan la explicación a cada cosa e incertidumbres que casi anhelan un final claramente concluyente.

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