Gastón Bachelard


"La poesía es uno de los destinos de la palabra. Al tratar de afinar la toma de conciencia del lenguaje en el plano de los poemas, tenemos la impresión de tocar al hombre de la palabra nueva, de una palabra que no se limita a expresar ideas o sensaciones sino que intenta tener un futuro. Se diría que la imagen poética, en su novedad, abre un futuro del lenguaje" (pág. 12-13).

"Sin preocuparnos por los "complejos" del poeta, sin hurgar en la historia de su vida, éramos libres, sistemáticamente libres, para pasar de un poeta a otro, de un gran poeta a un poeta menor, con motivo de una simple imagen que revelaba su valor poético mediante la riqueza misma de sus variaciones" (pág. 13)

"El amor nunca ha terminado de expresarse y cuanto más poéticamente soñado, mejor se expresa" (pág. 19).

"Al separar el amor de toda su irrealidad, se mutila su realidad". (pág. 20)

"¿Quién no está en la cárcel en sus horas de melancolía?" (pág. 22)

Frases Célebres de Gastón Bachelard

"Aunque es verdad que toda sistematización corre el riesgo de mutilar la realidad, también ayuda a fijar perspectivas" (pág. 38)

"Es necesario vivir y a veces es bueno vivir con el niño que hemos sido. De él recibimos una consciencia de raíz. Todo el árbol del ser se reconforta con ello. Los poetas nos ayudarán a encontrar en nosotros esta infancia viva, esta infancia permanente, duradera, inmóvil" (pág. 40)

"La ensoñación nos ayuda a habitar el mundo, a habitar la felicidad del mundo" (pág. 43)

"La lectura es una dimensión del psiquismo moderno, una dimensión que traspone los fenómenos psíquicos ya traspuestos por la escritura. Hay que considerar el lenguaje escrito como una realidad psíquica particular. El libro es permanente, está bajo nuestros ojos como un objeto. Nos habla con una monótona autoridad que su propio autor no tendría. Hay que leer lo que está escrito. Por lo demás, para escribir el autor ya ha operado una transposición. No diría lo que ha escrito. Ha entrado -el hecho de que trate de no hacerlo no cambia para nada el asunto- en el reino del psiquismo escrito". (pág. 45)

"Sin ayuda de los poetas, ¿qué podría hacer un filósofo cargado de años, que se obstina en hablar de la imaginación? No tiene a nadie a quien someter a pruebas. Se perdería de inmediato en el laberinto de los tests y contra-tests en donde se debate el individuo examinado por el psicólogo. Además, ¿existen, acaso, en el arsenal del psicólogo, tests de la imaginación? ¿Hay psicólogos lo bastante exaltados como para renovar incesantemente los medios objetivos de un estudio de la imaginación exaltada? Los poetas siempre imaginarán más rápido que los que los miran imaginar". (págs. 46-47)

¡Cuántos beneficios nos deparan los nuevos libros! Quisiera que cada día me cayesen del cielo a canastadas los libros que expresan la juventud de las imágenes. Este deseo es natural. Ese prodigio es fácil. ¿Acaso, allá arriba en el cielo, el paraíso no es una inmensa biblioteca?".

Pero no basta con recibir, hay que acoger. Con la misma voz lo dicen el pedagogo y la dietista: hay que asimilar. Para eso nos aconsejan no leer demasiado rápido y tener cuidado de no tragar trozos demasiado grandes. Dividan, nos dicen, cada una de las dificultades en tantas parcelas como se pueda para mejor disolverlas. Sí, hay que masticar bien, beber pequeños tragos, saborear verso a verso los poemas. Todos esos preceptos son buenos y hermosos. Pero están regidos por un principio. Primero, hace falta una buena gana de comer, de beber y de leer. Hay que tener deseos de leer mucho, de seguir leyendo, de leer siempre.

Así, desde la mañana, delante de los libros acumulados sobre mi mesa, le hago al dios de la lectura mi plegaria de lector devorante: "Nuestra hambre cotidiana dánosla hoy". (págs. 47-48)

La Poética de la Ensoñación

"Pero con crear nombres no decimos todo. Hay que cuidarse de hablar el mismo viejo lenguaje con nombres nuevos" (pág. 103)

"El anima no es una debilidad. No damos con ella cuando el animus sufre un síncope. Tiene sus propios poderes; es el principio interior de nuestro reposo. ¿Por qué ese reposo llegaría al final de una avenida de lamentaciones, de tristeza, de fatigas? ¿Por qué las lágrimas de animus, las lágrimas de Bismarck, deberán ser el signo de un anima inhibida?". (pág. 106)

"El hombre es un ser por imaginar. Ya que, por último, la función de lo irreal funciona tan bien ante el hombre como ante el cosmos. ¿Qué conoceríamos de los demás si no lo imagináramos? ¡Qué refinamientos de psicología sentimos cuando leemos a un novelista que inventa al hombre, y a todos los poetas que inventan prestigiosos crecimientos de lo humano. Todas esas extralimitaciones son las que vivimos, sin osar decirlo, en nuestras ensoñaciones taciturnas". (pág. 127)

"El ser humano considerado tanto en su realidad profunda como en su fuerte tensión de devenir, es un ser dividido, un ser que se divide de nuevo no bien se confía por un instante a una ilusión de unidad. Se divide y luego se unifica. Si llegase al extremo de la división en cuanto al tema de animus y anima se convertiría en un ser fingido. Tales fingimientos existen: hay hombres y mujeres que son demasiado hombres, hay hombres y mujeres que son demasiado mujeres. La buena naturaleza tiende a eliminar esos excesos en provecho de un comercio íntimo, en una misma alma, de los poderes de animus y de anima". (pág. 141)

"Precisamente todo el romanticismo, una vez desembarazado de su ocultismo, de su magia, de su pesada cosmicidad, puede ser revivido como un humanismo del amor idealizado. Si pudiéramos separarlo de su historia, captarlo en su vida abundante transportándolo en una vida idealizada de hoy, reconoceríamos que conserva una acción psíquica siempre utilizable" (pág. 142)

"Pero quien mejor sueña aprende a no rechazar nada" (pág. 144)

"La memoria es un campo de ruinas psicológicas, un revoltijo de recuerdos". (pág. 151)

Flores rojas

"Un exceso de infancia es un germen de poema. Nos burlaríamos de un padre que por amor a su hijo fuese a "descolgar la luna". Pero el poeta no retrocede ante este gesto cósmico. Sabe, en su ardiente memoria, que se trata de un gesto de infancia. El niño sabe bien que la luna, ese gran pájaro rubio, tiene su nido en alguna parte del bosque.

Así, las imágenes de la infancia, las que un niño ha podido crear, las que un poeta nos dice que un niño ha creado, son para nosotros manifestaciones de la infancia permanente. Son imágenes de la soledad. Hablan de la continuidad de las ensoñaciones de la gran infancia y de las ensoñaciones del poeta.

Parece natural que si nos ayudamos con las imágenes de los poetas, la infancia se revele como psicológicamente bella. No podemos menos que hablar de belleza psicológica ante un acontecimiento atrayente de nuestra vida íntima. Esta belleza está en nosotros, en el fondo de nuestra memoria. Su belleza es la de un vuelo que nos reanima, que pone en nosotros el dinamismo de una belleza viva. En nuestra infancia el ensueño nos daba la libertad. Y llama la atención que el dominio más favorable para recibir la conciencia de la libertad sea precisamente el ensueño. Captar esta libertad cuando interviene en una ensoñación infantil sólo resulta una paradoja cuando se olvida que seguimos soñando con la libertad como cuando éramos niños. Fuera de la libertad de soñar, ¿qué otra libertad psicológica tenemos? Psicológicamente, sólo en la ensoñación somos seres libres. (págs. 152-153).

tiburones

"Los poetas nos convencen de que todas nuestras ensoñaciones infantiles merecen ser reanudadas" (pág. 160)

"Si podemos profundizar nuestro esbozo, tendremos que despertar en nosotros, mediante la lectura de los poetas, gracias, a veces, a una única imagen poética, un estado de nueva infancia, de una infancia que va más lejos que los recuerdos de nuestra infancia, como si el poeta nos hiciera continuar, terminar una infancia que no se realizó totalmente, que sin embargo era nuestra y que, sin duda, en muchos casos, hemos soñado a menudo". (pág. 160)

"Nos parece que es en los recuerdos de esta soledad cósmica donde encontraremos el núcleo de infancia que permanece en el centro de la psiquis humana. Allí es donde más cerradamente se anudan la imaginación y la memoria. Es allí donde el ser de la infancia anuda lo real y lo imaginario, viviendo con toda su imaginación las imágenes de la realidad. Y todas esas imágenes de su soledad cósmica actúan en profundidad en el ser del niño; al margen de su ser para los hombres se crea, bajo la inspiración del mundo, un ser para el mundo. Ese es el ser de la infancia cósmica. Los hombres pasan, el cosmos queda, un cosmos siempre inicial, un cosmos que ni los mayores espectáculos del mundo borraron durante el curso de la vida. La cosmicidad de nuestra infancia permanece en nosotros, reapareciendo en nuestros ensueños de la soledad. Por lo tanto, ese núcleo de la infancia cósmica permanece en nosotros como una falsa memoria. Nuestras ensoñaciones solitarias son las actividades de una metamnesia. Al parecer nuestras ensoñaciones hacia las ensoñaciones infantiles nos permiten conocer a un ser previo a nuestro ser, toda una perspectiva de antecedencia de ser.

¿Soñábamos con ser y, ahora, al soñar con nuestra infancia, somos nosotros mismos?". (págs. 164-165)

La poética de la ensoñación. Gastón Bacherlard. Fondo de Cultura Económica. Traducción de Ida Vitale. 1982.

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